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Filicidio, brujería y psicosis colectiva

La influencia de factores socioculturales está presente en todos los aspectos de los trastornos psiquiátricos, y se vuelve especialmente evidente en fenómenos como la psicosis colectiva. Este tipo de psicosis se manifiesta como una angustia grupal en la que emergen diversas alteraciones psicológicas que se propagan dentro de un grupo determinado, generando un contagio emocional y cognitivo. En estos contextos, es común que se transmitan ideas paranoides o delirantes de una persona a otra, reforzando creencias distorsionadas compartidas. En términos generales, la psicosis implica un conjunto de síntomas que afectan el juicio de la realidad, provocando que el individuo no logre distinguir entre lo real y lo imaginario, lo que puede intensificarse cuando se enmarca en dinámicas sociales que validan o amplifican dichas distorsiones.

Para Freud la psicosis es producto de una perturbación de los vínculos entre el Yo y el mundo exterior.  Es una reacción ante el estrés colectivo que produce una distorsión de la realidad en el grupo. El filicidio está muy relacionado con estos dos conceptos.

También puede deberse a trastornos graves de los padres, en situación de desesperación. Existen múltiples factores inconscientes. Se produce la emergencia de impulsos destructivos que no lograron ser procesados o reprimidos adecuadamente.

Puede deberse a que los hijos son vistos como portadores de frustraciones, deseos y miedos de los padres lo que puede generar rechazo u odio inconsciente hacia ellos.

También la envidia y negligencia parental son elementos que pueden estar presentes en este fenómeno.

La negligencia vista como el desatender las necesidades emocionales y físicas de los hijos.

Esto es vivido por el niño (a) con abandono que se puede manifestar desde la ausencia de los cuidados esenciales hasta una indiferencia afectiva parcial o total. Esto le provoca al niño un sentimiento de soledad y se vuelve vulnerable.

Esta negligencia si es llevada al extremo puede provocar que se desarrolle el infanticidio ya que al no existir ningún o deficiente vínculo que sirve de protección entre el niño y sus padres o cuidadores.

La envidia parental que es muy poco aceptada y reconocida se debe a sentimientos de resentimiento, frustraciones y expectativas no cumplidas hacia los hijos debido a proyección y trastornos personales de los padres o cuidadores

Así vemos cómo los padres sabotean los logros de sus hijos, lo cual se puede manifestar por castigos excesivos, golpes o rechazo.

Estas emociones son a veces difíciles de resolver y a veces suelen intensificarse pudiendo provocar situaciones perjudiciales para los infantes hasta en grado extremo provocar la muerte.

Por otro lado, desde la teoría kleiniana el infanticidio se relaciona con la destrucción del objeto bueno por envidia u odio profundo.

En la brujería vemos actos de infanticidio cuando hay manifestaciones extremas de la pulsión inconsciente; generalmente de forma paranoide o persecutoria.  Un ejemplo de ello son los rituales, las brujas.

En las culturas donde vemos que las brujas asesinaban a los niños se ve claramente como las fantasías inconscientes de destrucción se ponen en marcha. Esto Melanie Klein y Sigmund Freud lo relacionaba con las etapas tempranas del desarrollo psíquico.

La envidia surge según M. Klein en la etapa mas temprana, en la posición esquizo-paranoide cuando el bebé siente que no puede controlar el pecho materno.  Así el bebé envidia el pecho porque sabe que es fuente de placer u alimentación, pero también desea su destrucción por sentir que no lo puede tener por completo.  Esta envidia genera fantasías destructivas que deben ser elaboradas adecuadamente.  Si no se elaboran pueden a la larga manifestarse en trastornos como la psicosis y la perversión.

En esta posición el bebé envidia el pecho materno porque es el que le da vida, placer y satisfacción, pero también frustración.

El bebé fantasea con atacar el pecho “malo” ya que no esta siempre disponible y puede dañar al “pecho bueno”.

Así el niño, el sujeto proyecta su odio hacia afuera, hacia el objeto externo y esto provoca que todo lo vea en bueno y malo que esto a su vez puede perpetuar las fantasías persecutorias.

Entonces podemos entender porque según M. Klein, el infanticidio es el símbolo del objeto bueno y amado por envidia y frustración.  El niño puede ser visto como que tiene lo que el sujeto (padre o madre, cuidadores) no tiene como seria salud, belleza, etc. que pueden a su vez provocar y activar las fantasías de aniquilación.

Melanie Klein describe la envidia primaria como un impulso agresivo y oral dirigido a destruir la vida y bondad por el solo hecho de que este existe y no puede controlarse.

En el filicidio este mecanismo vuelve activar en la madre o padre y el hijo ocupa el lugar del pecho.  Entonces podemos entender cómo el padre o madre no nada más aman al niño, sino que también lo envidian.  Pueden envidiar su salud, su bondad, su vida que representa al “objeto bueno” que los padres sienten que nunca tuvieron o que suelen destruir en su propia fantasía.

Para esta autora, la envidia es el odio que existe desde un principio de la vida. En el caso del filicidio este odio se dirige hacia el hijo por ser la encarnación del “objeto bueno” que este padre o madre envidia y desea destruir.

Este deseo de matar no es consciente; es una fantasía inconsciente de destrucción que en la psicosis se llega a actuar. Entonces el niño es destruido porque representa el bien, lo bueno, el amor y esto se vuelve insoportable para sus padres cuyo Yo está lleno de frustración, vacío y rabia (malo).

Matar al hijo según la envidia es destruir la prueba viviente de lo bueno que tanto desean pero que no pueden tener.  Así la brujería proporciona la escena perfecta para que la fantasía envidiosa se desarrolle y se justifique.

Por otro lado, el padre o madre no logran tolerar de manera consciente esta envidia y odio que sienten por su propio hijo; y al no tolerarlo los proyecta hacia el exterior.

Luego al proyectar su propia envidia en la brujería, el niño deja de ser el “objeto bueno” que es envidiado volviéndose ante los ojos de los padres “un objeto malo” que ha sido invadido por la maldad externa y así se explica la purificación de un objeto dañado.  La brujería ayuda a permitir actuar esta fantasía destructiva viéndolo como una “defensa” contra un mal externo.  Alvarito al crecer se convierte en un objeto bueno que la madre envidia y desea destruir inconscientemente, reactualizando la posición esquizo-paranoide.

El infanticidio en algunas culturas ha representado una manera de purificación.

La bruja es vista como proyección del objeto malo.

Entendemos también cuando S. Freud nos comenta que la brujería es una paranoia colectiva, donde todo un grupo proyecta su agresión interna hacia su “enemigo”, su hijo.

Las distorsiones cognitivas relacionadas con la envidia en el infanticidio están relacionadas con pensamiento de inferioridad, baja autoestima y creencias disfuncionales sobre las características positivas del hijo o infante.

Los deseos de matar a los hijos pueden surgir cuando hay un estrés extremo, un cansancio emocional, traumas no resueltos, depresión postparto e inclusive patrones de violencia intergeneracionales. Padres que tienen una historia de abuso.  También cuando existe un agotamiento desbordado o lo que se denomina “síndrome del burnout parental”.

El infanticidio se da cuando existe una falta, escasa o nula educación en salud y derechos reproductivos.

Así existen comunidades que no confían en los médicos por experiencias previas.  Mueren niños por deshidratación, infecciones.

Explican y justifican el infanticidio como una libre ración del espíritu o por supuestas posesiones.  Estos fenómenos se presentan habitualmente en contextos de lugares que viven en pobreza extrema, ignorancia y creencias religiosas.

Cuando la medicina parece no ofrecer respuestas y esperanza, muchas personas buscan por desesperación a la brujería. Son como hemos estado viendo estrategias de afrontamiento.

Vemos entonces como la brujería es un sistema de defensa colectiva que ayuda a proteger a un grupo con angustias que serían insoportables de tolerar como individuo solo

La función principal es la contención de esa angustia insoportable que en este caso es la enfermedad, la muerte de un niño (a).

La brujería sirve como contenedora de esa realidad tan aterradora que de otro modo sentiría que se desbordaría su capacidad psíquica.  Es contenedora al transformar y explicar lo incomprensible.  Por ejemplo, en el caso de Alvarito en lugar de aceptar que “mi hijo murió de luna infección mal controlada” dan la explicación diciendo “mi hijo murió porque lo embrujaron”.  Esta causa es más manejable.

La brujería acepta socialmente los mecanismos de defensa que de lo contrario serían vistos como patológicos.  Por ejemplo, tenemos el mecanismo de defensa de la proyección donde se proyecta la envidia, el enojo o impulsos agresivos, la culpa en la bruja o sobre “el niño embrujado” que se convierte en el objeto malo.  También al proyectar todo esto ubicamos la “maldad” fuera de nosotros mismos o sea en los que embrujan; entonces los padres se pueden percibir como “víctimas” y “buenos”.

La racionalización; la brujería y sus creencias dan una lógica interna para justificar lo injustificable por ejemplo “No le demos antibiótico porque los remedios del brujo son mas fuertes contra el “embrujo” así se logra sentir menos culpa por la negligencia de los padres y los médicos.

Al pensar que todos estos eventos son atribuibles a una fuerza externa (la brujería); los padres se liberaron de la responsabilidad personal.

La muerte de Alvarito no fue por su infección no tratada sino por el poder de los embrujos.

La brujería devuelve una ilusión de control.  Si lo que sucedió se debió al hechizo entonces también puede haber un contrahechizo que son las limpias, brebajes y rituales.

Al mismo tiempo logra unir al grupo, “ellos” son los malos, los agresores” y nosotros somos los “buenos”, “las víctimas”.  Esto ayuda a reforzar la identidad de la comunidad.

La brujería ofrece una canalización de la agresión que ayuda a evitar que esa agresión se vuelva interna y los destruya.  Entonces la brujería se puede ver como un sistema de defensa colectivo, adaptativo y hasta creativo, aunque finalmente se podría pensar que es muy patológico.

Es un pacto social que dice en lugar de que cada uno colapse individualmente por sentir tanta angustia, culpa e impotencia, externalicemos estas emociones en un sistema de creencias compartida y nuestro dolor será mas tolerable ya que será compartido.

Esto nos ayudará a ver a nuestro enemigo que nos unirá y sentiremos que estamos controlando, aunque el precio final sea la vida de un niño inocente.

Existen muchos sentimientos alrededor del infanticidio.  Por ejemplo, la persona puede sentir culpa luna vez que ha muerto el hijo.  Quizás la culpa aparece cuando las personas se dan cuenta de lo sucedido y extrañan a su pequeño. 

Se da el infanticidio como ya hemos mencionado cuando la persona se siente muy abrumada o sin recursos para ayudar a su hijo.

Otras personas pueden actuar de manera desconectada emocionalmente para evitar el dolor.

Cuando se perciben como “malos” se intensifica la culpa, cuando se sienten abandonados, solos y sienten que nadie les ayuda.  Cuando los padres sienten que no pueden cuidar a nadie, ni a ellos mismos.

Las personas, el grupo cuando enfrenta fenómenos como el infanticidio o la brujería siendo testigo o víctima la psique puede activar diferentes mecanismos de defensa tales como los que estudió profundamente Anna Freud:

Negación que sería el rechazo inconsciente de la realidad de lo sucedido.

Represión viéndolo como un bloqueo de lo sucedido para también evitar el dolor.

Proyección y desplazamiento para no aceptar la responsabilidad y culpar a los demás, a la bruja, vecinos, médicos atribuyéndoles a los otros los impulsos de sí mismo. También los deseos reprimidos como “ella es la bruja” porque llegó sin avisar y me desea el mal.

Racionalización al justificar lógica y socialmente lo sucedido. Va muy relacionado con los mecanismos de proyección y desplazamiento.

La despersonalización es muy común cuando se produce una desconexión de las emociones y hasta del cuerpo como si lo que sucede se estuviera viendo desde afuera.

Escisión que coloca en un extremo lo “bueno” y en el otro “lo “malo”.

Idealización demoniaca Es la elaboración de figuras de maldad con poder extremo para explicar lo que no se entiende; por ejemplo, la gente involucrada en el infanticidio.

Formación reactiva la vemos cuando existen conductas exageradas y opuestas a los propios deseos.

Identificación proyectiva que se explica en hacer que el otro haga o crea lo que uno mismo teme o rechaza.

Sublimación: En brujería son los rituales que transforman la angustia y canalizan el conflicto.

Filicidio en el caso de Alvarito

Alvarito inició con diarrea durante días y meses. El maleficio consistió en “quemarle lentamente no solo su cuerpecito, sino también su espíritu.
Ni los médicos ni los curanderos lo pudieron salvar.
Por otro lado, me gustaría mencionar las características del niño (a) víctima de infanticidio y brujería. Varían según la cultura y la violencia sufrida.
Para empezar S: Freud estudió la brujería como parte del pensamiento mágico infantil que abarca la omnipotencia de las ideas.
Puede ocurrir cierta estigmatización social o sea un rechazo por parte de la comunidad, y deseos de expulsión del hogar.
El niño puede sentirse que es “malo” o peligroso, reforzando la culpa y miedo. Como consecuencia enfermar.
Existe una ansiedad intensa que puede provocar el temor a ser castigado o atacado.  Hay probabilidades altas de que se presenten somatizaciones como expresión del dolor psíquico antes mencionado. Existe en ellos también conductas ritualizadas, aprendidas que permiten actos mágicos para protegerse o purificarse.
Por ejemplo, un niño diagnosticado con infecciones intestinales que no recibe la atención médica adecuada que posteriormente es interpretada por sus padres como brujería es una verdadera tragedia que involucra la negligencia médica, creencias culturales y vulnerabilidad extrema.
Este niño, Alvarito sufrió un dolor físico intenso que no obtuvo ni alivio ni contención. Sufrió una confusión emocional extrema al no sentir ni entender por qué ningún adulto lo podría ayudar.  Quizás también sufrió de aislamiento afectivo al sentirse rechazado o temido por su ambiente.
Al igual mucha ansiedad y miedo cuando escuchaba o le trasmitían la idea de “estar embrujado o maldito”; o no tener ni poder darle sentido a lo inexplicable.
La brujería entonces funciona como un sistema de mecanismos de defensa colectivo.
El filicidio es un homicidio por omisión que se ve cuando los padres tienen la obligación de cuidar de los hijos y por negligencia no lo hacen.
Puede haber negligencia médica o parental: Si los padres no siguen los tratamientos médicos, no administran al niño los medicamentos prescritos.
También existe la posibilidad que por creencias culturales se abandona un tratamiento médico que hubiera podido salvar la vida del niño.  Esto es penado, aunque no haya habido intención de dañar.
El filicidio por negligencia por haber abandonado el tratamiento médico, no haberle hecho los estudios necesarios como estudios de laboratorio, radiografías o inclusive haber tenido el descuido de olvidar o decidir no darle los medicamentos.
En estos casos existe una desadaptación por parte de los padres activados a veces por sus propios conflictos internos. Por ejemplo, al haber vivido pérdidas infantiles, negligencia en ellos mismos o abandono podrían estar reviviendo ese dolor sin poder actuar diferente.
Internalizaron creencias mágicas de su entorno, de sus padres como una forma de entender el sufrimiento y rechazar la medicina por ignorancia o considerarla ineficaz.
Así Sigmund Freud explicaría que se está repitiendo el trauma desde la pérdida de hijos anteriores mal resuelta sintiéndose atrapados en un círculo vicioso de muerte.
Puede existir una identificación proyectiva donde la culpa y la impotencia que sentían la proyectaron en el niño enfermo; y es por eso que lo catalogaban como embrujado y así ayudó a justificar el abandono de tratamientos médicos.
Una defensa importante muy primitiva es la omnipotencia mágica que ayudó a creer que lo que le daban los “brujos” era más fuerte que cualquier antibiótico y así mitigaron el dolor e impotencia tan insoportable. Las ideas de brujería son creencias persecutorias en un contexto cultural determinado.
La brujería ofrece sentido de tranquilidad y esperanza donde la medicina ha fallado. Vivieron un abandono social y cuando no hay palabras para el dolor se recurre a lo simbólico.
Podemos entrelazar la rabia, la envidia y la brujería como fuerzas emocionales, simbólicas y sociales para explicar los conflictos, el sufrimiento y sobre todo la necesidad de seguridad y protección.
La rabia y la envidia pueden aparecer cuando existen fantasías de daño hacia los demás, especialmente si sienten que ellos les están impidiendo vivir.
Cuando las personas sienten que3 no existe una solución racional, estas emociones pueden ser proyectadas hacia cuestiones simbólicas que sería la brujería.  Así en la brujería, la persona encuentra un canal simbólico de defensa y violencia. Vemos los rituales y supuestas medicinas que van a influir en la vida y salud de los demás.
La brujería se puede utilizar cuando el individuo no encuentra una explicación racional y clara como sería una enfermedad, la brujería es capaz de encontrar una explicación y así encontrar su protección por medio de limpias, rituales para canalizar el miedo y sentir que están controlando la situación y también son formas de reconectarse consigo misma.
La rabia y en la idea surgen para encubrir el dolor y la impotencia ante una enfermedad por ejemplo las infecciones graves.

En el caso de Alvarito, la envidia fue conceptualizada (por los padres/la comunidad) como una fuerza activa que había “infectado “al niño, mientras que la rabia motivó actos de venganza y castigo (hacia el niño, visto como el objeto de esa fuerza.).

 El filicidio entonces se puede entender como un castigo hacia uno o los dos integrantes de la pareja donde el niño es el símbolo de ese vínculo roto.  Así vemos cómo las explicaciones culturales por ejemplo el alcoholismo y adulterio dice la madre que embrujaron al padre y por “beber tanto” mataron a nuestro hijo.

Cuando en comunidades existe una alta presión social o mucha pobreza, el alcohol puede ser luna vía emocional que ayuda a escapar.  Esto puede desencadenar el adulterio que genera mucho conflicto en la pareja y en la familia.

El adulterio en muchos lugares se considera como una violación a las normas sociales e inclusive a las normas religiosas.

La brujería en este caso se puede tomar como un castigo real o simbólico al haber cometido adulterio o beber demasiado.

Se puede considerar la brujería como una forma de impartir justicia donde la solución se da simbólicamente.

En conclusión, el filicidio impulsado por la brujería emerge como la trágica convergencia de múltiples dimensiones. En el plano individual, actúa como la manifestación última de un trauma no resuelto y de conflictos psíquicos arcaicos, donde mecanismos de defensa primitivos como la proyección y la identificación proyectiva encuentran una salida catastrófica. El niño, convertido en el receptáculo de la envidia, la rabia y la culpa insoportables de sus padres, es sacrificado simbólicamente para purgar males que lo trascienden. Este drama íntimo se ve potentemente habilitado y moldeado por un contexto sociocultural de pobreza extrema, desesperanza y sistemas de creencias mágicas. En este caldo de cultivo, la brujería no solo ofrece una explicación para el sufrimiento incomprensible, sino que provee un guion preestablecido y una «solución» culturalmente codificada, transformando un acto de homicidio en un percibido acto de justicia, purificación o defensa colectiva dentro de un universo simbólico distorsionado.

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