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Envidia

La envidia surge de comparaciones entre uno mismo y los demás; así la persona envidiosa no se siente que está al mismo nivel que los demás.

La envidia se explica por sentir tristeza y deseos por tener un bien ajeno.  El envidioso no solo desea el objeto que una persona puede tener sino es la felicidad y alegría que siente el otro.

La causa puede estar relacionada ante todo con una baja autoestima y mucha inseguridad. Son personas que se sienten inadecuadas e insatisfechas consigo mismas. También las personas que no han logrado tener éxito en su vida y conocen gente que tienen más que ellos o que lograron lo que Se sienten inferiores, son egoístas resultado de una carencia ya sea real o imaginaria.

La manera de reconocer este sentimiento es cuando una persona desvaloriza el éxito ajeno. Cuando es una persona demasiado crítica, competitiva y sobre todo esas personas que constantemente se están comparando con los demás.  Personas que sienten la necesidad de ser el centro de atención, intentan imitar a las personas que admiran. 

La persona envidiosa siente una felicidad intensa por los fracasos de los demás, por esto podemos afirmar que la envidia puede alterar las relaciones interpersonales generando a veces celos y resentimiento.

Así podemos deducir que la gran distorsión que provoca la envidia se traduce en una gran dificultad para relacionarse.

Por otro lado, la envidia puede surgir por un miedo a enfrentarse consigo mismo Esta no solo afecta a la persona que lo siente, sino que también puede dañar a la gente a su alrededor.

Es a veces difícil detectar a la persona envidiosa porque a veces tiene una actitud muy amable y amistosa.

Tipos de envidia:

  1. Benigna
  2. Maligna

Estos dos tipos de envidia desencadenan comportamientos diferentes y experiencias distintas.

La benigna que experimenta la persona envidiosa es la que desea realizar mejoras sobre él mismo hasta alcanzar y sentirse superior.

La maligna desea echar todo para abajo y lograr que el envidiado se sitúe en una situación inferior a él. La persona que siente envidia maligna siente mucha frustración, odio y deseos de destruir, humillar y denigrar al otro.

La envidia puede provocar hostilidad, ira, depresión y ansiedad.  Puede afectar y debilitar el sistema inmune ocasionando enfermedades, infecciones como sería por ejemplo el estreñimiento, trastornos del sueño o apetito, cansancio entre otros.

Estas personas no pueden ver en su interior y apreciar lo que valen y tienen.

Pueden intentar también que te aísles, que los demás se alejen de ti.

La envidia es una emoción humana que puede controlarse y hasta lograr ser transformada en actitudes positivas.

Para reducir la envidia:

  1. Reconocer estos sentimientos es y cuando surge.
  2. Centrarse en ti mismo y no en los demás.
  3. Reconocer tus fortalezas y reconocer los éxitos del Otro.
  4. Tratar de alegrarte sinceramente por los éxitos de los demás.  Cultivar la gratitud y ocuparse por tu propio crecimiento personal.
  5. Dejar de presumir los éxitos personales.
  6. Tratar de evitar hacer elogios falsos.
  7. No difamar.
  8. No permitir que apaguen tus sentimientos positivos, ideas y menos en público.
  9. Empatizar con las personas envidiosas ya que el envidioso sufre mucho.  Quizás logres hablar con ella y sobre todo no tomarlo como algo personal ya que la envidia no es un odio hacia el otro sino es un odio que siente hacia ella misma.
  10. Poner límites y no aguantar sus actitudes envidiosas y quizás con personas muy graves es necesario alejarse.

Una autora que estudió a profundidad la emoción de la envidia fue Melanie Klein.  Nos dice que existe una envidia primaria que es fundamental en el desarrollo infantil, especialmente en la etapa que existe una relación con el pecho materno.  Esta surge cuando el bebé percibe que no puede obtener todo lo que desea y en el momento que lo desea; sobre todo por parte de la madre.

Según esta autora la envidia está relacionada con la ansiedad ya que ésta puede intensificar la angustia del niño y cuestionar la capacidad de la madre para darle gratificación y protección.

Existen mecanismos de defensa para manejar la envidia como la proyección e identificación.

También se manifiesta en lo que la autora llamó “posición esquizoparanoide”.  Aquí el niño lucha con estos sentimientos de envidia y agresión, los cuales generalmente afectan la manera de percibir a los demás y sobre todo a sí mismo.

Melanie Klein realizó aportaciones muy valiosas para el psicoanálisis, una de esas aportaciones fue ampliar la teoría de la envidia, enfatizando el papel fundamental que tiene en el desarrollo de la personalidad del individuo, en el tipo de relaciones que establece con los objetos, en el desarrollo de la patología, en la naturaleza de las defensas que se erigen y hasta en el proceso terapéutico, la envidia tiene un impacto.

Nos dice que existe una envidia primaria que es fundamental en el desarrollo infantil, especialmente en la etapa que existe una relación con el pecho materno.

Para esta autora, la envidia se refiere a:

“Una expresión oral-sádica y anal-sádica de impulsos destructivos, opera desde el comienzo de la vida y tiene su base constitucional”.

Klein piensa que el bebé por envidia ataca a la primera relación de objeto, siendo ésta el pecho y la madre y que se ataca, no al objeto malo que nos daña sino al objeto bueno generoso.

Donald Meltzer coincide con Melanie Klein, en que la envidia se refiere a un ataque destructivo al objeto bondadoso y a sus cualidades.  No descarta una base constitucional, pero también le da un peso importante al medio ambiente donde la persona se ha desarrollado, es decir, un ambiente donde predomina la envidia destructiva, puede ser un factor determinante para que la persona sea envidiosa.

Meltzer distingue dos tipos de envidia: una benigna y la maligna como ya hemos comentado anteriormente.  La benigna tiene que ver con la admiración y con el proceso gradual de ir asimilando y aceptando las nuevas ideas y experiencia.  La maligna tiene que ver con el deseo de destruir estas experiencias nuevas pero una vez que se van asimilando, esta destructividad se va convirtiendo en forma paulatina en admiración y es cuando la envidia se convierte en benigna.

Considero que la envidia es una emoción que va a estar presente en el psiquismo del individuo a lo largo de toda su vida, y que, dependiendo de la personalidad del sujeto, y de sus características, como, por ejemplo, su capacidad de amar, la gratitud, la bondad, la tolerancia al dolor, la tolerancia a la incertidumbre va a hacer que la envidia tenga un mayor o menor impacto en la vida de la persona.  Una envidia muy intensa tiene importantes repercusiones en el desarrollo de la personalidad.

El sufrimiento causa odio. Un hombre no envidia a los que están lejos de él, ya sea en el espacio, tiempo o nivel sino a quienes tiene cerca y a los que desea rivalizar o sobrepasar.

El odio no surge de la envidia, sino de la ira.

Nos sentimos con odio omnipotente y con derecho a todo.

La envidia sirve para encubrir el deseo de ser rechazado.  La envidia se basa en una serie de deseos y fantasías primitivas que se fundamentan en el deseo de hacer desaparecer todo lo que nos hace diferentes al objeto materno.

Las fantasías de envidia sirven como un reservorio del deseo de ser el mismo que el objeto ideal, deseo de ser parte de él y ser narcisisticamente que constituye el odio y vengativo de la diferencia.

En la personalidad narcisista es muy común la presencia de la envidia patológica.  También en los psicópatas. Estas personas se sienten mucho muy amenazadas, angustias por conseguir el éxito.  Se sienten inferiores, su autoestima está basada en los demás, en la atención y aceptación de los demás.

Las personas envidiosas se basan al igual que los narcisistas en apariencias.

Por otro lado, nos comenta que la envidia es una emoción que está presente en la sexualidad del ser humano.

Para Meltzer, la sexualidad adulta, a raíz del complejo de Edipo, el individuo puede sentir envida del pene vigoroso del padre, pero aquí el adulto se puede hacer responsable de la emoción que está sintiendo como seria dolor, frustración, la misma rivalidad hacia el padre, pero con la diferencia que puede pensar y procesar estas emociones.

Así la persona, ciertamente si siente envidia por el padre, pero también admiración, respeto y puede establecer así una buena relación interna con él y que deje de ser su rival, considerándola como una envidia benigna porque no busca destruir al objeto, sino se busca satisfacer los deseos infantiles y encontrar una solución a sus deseos edípicos insatisfechos.

Otro estado que menciona Meltzer es el estado sexual perverso en el cual la envidia tiene como cualidad ser destructiva ya que desea principalmente la destrucción del objeto bueno ya que el odio es lo que predomina.

Lo importante para este autor no es lo que se hace sino las fantasías que prevalecen.

Es un sentimiento de odio hacia la creatividad, armonía, belleza y generosidad de la escena primaria y hacia los objetos buenos y sus vínculos.

La envidia destructiva genera confusión en él, ya que vuelve malo lo bueno e idealiza lo malo, se pierde la capacidad para pensar, confunde la verdad con la mentira, los valores con los ideales.

El perverso por su violencia logra meterse en forma intrusiva en el objeto, apoderándose de éste y así destruyendo sus cualidades benignas.

En este estado mental perverso hay un ataque directo a la verdad, al conocimiento donde el perverso prefiere quedarse con la mentira por no poder tolerar el dolor mental que producen tales experiencias.

Aquí predomina la envidia y destrucción de todo lo que le pueda producir ansiedad persecutoria y depresiva; así cualquier experiencia es despojada de significado emocional.

Para otro autor llamado Bion, la envidia principalmente ataca al vínculo, especialmente a la parte que desea crecer.

La envidia cuando es muy intensa puede ser un obstáculo para procesar las experiencias emocionales y si no son elaboradas, la mente necesita sacarlas de alguna manera y puede ser en forma de alucinaciones y actuaciones sin sentido.

La envidia se vale de la brujería como instrumento para hacer daño y se pueden provocar enfermedades.

Estos dos autores piensan que la envidia es una emoción que va a estar presente en el psiquismo de la persona a lo largo de toda su vida y que, dependiendo de su personalidad, sus características con relación a su capacidad de amar, la gratitud que sea capaz de sentir y expresar, la tolerancia al dolor va a contribuir que la envidia tenga un mayor o menor impacto en la vida del sujeto.

Como conclusión podemos decir que la envidia tiene una base constitucional, así como es influenciada por el medio ambiente. El sujeto envidioso va a atacar toda persona que tenga algo bueno que darle. En vez de buscar su creatividad, conocimiento, verdad y desarrollo estas personas persiguen todo lo contrario al intenta triunfar sobre los demás atacándolos y pervirtiéndolos.